Ir al contenido

🔵 ¿Es correcto traducir nombres?

Table of Contents

PARTE 1 #

Un hermano me ha comentado la necesidad que tiene, de que una idea errónea que circula en internet, sea contestada.
Esto es importante, por la confusión creada, en personas nuevas que se acercan a las llamadas raíces de la Fe.
Esta falsa afirmación sostiene que: los nombres no se traducen.
Quienes dicen esto, lo hacen para objetar cualquier tipo de traducción del hebreo al castellano, de los nombres que aparecen en la Biblia.
Debo decir que están equivocados.
 Aprendí a traducir, a diario traduzco y me relaciono con personas que traducen.
Repito, es incorrecta la afirmación general que dice que los nombres no se traducen. Esta afirmación surge de conocimientos superficiales. De no saber en profundidad de lo que se está hablando o escribiendo.
Pero como debemos ante todo buscar la seriedad al escribir, comienzo por el principio.
¿Qué es traducir?
Nada mejor que el Diccionario de la Real Academia Española, para definir la cuestión:
“Expresar en una lengua lo que está escrito o se ha expresado antes en otra.”
Esto no necesariamente debe ser por escrito. Pues antes de que la escritura naciese, los hombres hablaban en distintas lenguas y había intérpretes que traducían estas expresiones.
Alguien expresa algo en la lengua origen, ello es decodificado y se consigue como resultado el texto meta. O sea, el equivalente en el otro idioma.
Esta tarea no se realiza de cualquier forma, mirando dos o tres videítos de internet y creyendo que se sabe todo. Hay que estudiar, aprender, corregir. Y por sobre todas las cosas, es una tarea profesional, que debe ser ejercida con seriedad. Por ello no es serio, que cualquiera, dictamine “reglas de traducción” que ni siquiera ha aprendido y las repita sin el más mínimo temor. Como esto de afirmar que “los nombres no se traducen”. Para dar un ejemplo de la seriedad del tema, les comento que existen normas internacionales, tales como la ISO 2384:1977 de presentación de documentos.
Pero yendo a la cuestión quiero marcar los errores. Lo primero es afirmar que “los nombres no se traducen”. Porque hay que distinguir de qué nombres estamos hablando. ¿Los nombres de personas, los nombres de lugares, los nombres actuales, los nombres del pasado?
Esta cuestión es muy importante, porque en ocasiones se presentan diferencias muy grandes, según algo sea o no traducido.
Un ejemplo sencillo lo tenemos en Apocalipsis 16:16
“Y los reunió en el lugar que en hebreo se llama Armagedón.”
Me ha ocurrido que alguien me pregunte ¿Crees en el Armagedón? Como si esta palabra fuese un sinónimo de hecatombe o siniestro de proporciones cósmicas. Cuando les respondo “no, no creo”, me preguntan ¿Pero no crees que va a venir lo que dice la Biblia? Luego de reírme, les explico que no necesito creer en algo que existe físicamente, pues el Har Megido es un lugar concreto de Israel; una colina al norte de Jerusalén. En este caso la traducción ha generado un inconveniente, un error de interpretación en algunas personas.
Hay que diferenciar varias cosas, pero yendo a lo sencillo, en primer lugar hay que diferenciar entre nombres geográficos o nombres de personas.
Para los nombres geográficos es necesario distinguir si tienen o no exónimos. ¿Qué es un exónimo? Un lugar que teniendo originalmente un nombre extranjero, tiene un equivalente en nuestra lengua. En este caso el castellano por supuesto. Un exónimo sencillo es Londres. ¿Usted dice London o Londres?
Pues bien, en castellano es correcto decir Londres. Pues se trata de un exónimo.
¿Usted dice Jerusalén o ierushalaim?
Si dice y escribe Jerusalén es correcto, pues se trata de un exónimo.
Como puede ver ya comenzamos a desnudar que los nombres sí se traducen y es correcto hacerlo.
Pasemos ahora a la cuestión de los nombres de personas.
Lo primero que quiero destacar es que si quiere aprender qué se puede hacer y qué no se puede hacer al traducir, debe investigar con seriedad. Su fuente no  puede ser una página cuyo lema sea “¿Qué nombre le pongo a mi bebé?”. Porque ahí ciertamente va a encontrar la afirmación que diga “por regla general los nombres propios no se traducen”. Pero esta es una afirmación general que admite, no solamente excepciones, sino una forma específica en la traducción bíblica.
Para que lo vea con sencillez, si yo escribo “snowwhite” al noventa por ciento de las personas no le significará nada. Pero qué pasa si lo traduzco y escribo “Blancanieves”.
Esto nos lleva a la llamada traducción literaria, la cual admite la traducción de nombres de personas, cuando la comprensión del texto lo requiere.
Con esto ya he comenzado a demostrar que la afirmación “los nombres propios no se traducen”, también es incorrecta en este punto.
Apuntando ahora a lo que nos interesa, la Biblia, es aquí donde las cosas son mucho más claras que la información que brinda “¿Qué nombre le pongo a mi guagua?”.
¿Sabe cuántas personas hablan castellano en el mundo? Unos 500 millones. Según el Instituto Cervantes es la lengua más hablada luego del chino mandarín.
Tal magnitud, tal volumen de personas hablando una lengua, debe tener parámetros que determinen la forma más correcta, más adecuada de hablar ese idioma. De forma tal que todos sepamos lo que estamos diciendo, más allá de modismos y localismos.
El organismo encargado de decir “qué es español o castellano” y “qué no lo es”, es la Real Academia Española. Esto nos da cohesión y coherencia, unidad.
Entonces ¿A quién debemos preguntar si es correcto en castellano traducir un nombre de persona? ¿A “qué nombre le pongo a mi bebé” o a la Real Academia Española?
Pues bien, en mi caso me decido por la Real Academia, la cual nos dice:
“En la actualidad, únicamente se usan formas hispanizadas (por traducción, equivalencia o adaptación) en los siguientes antropónimos:
c) Los nombres de santos, personajes bíblicos, personajes históricos o  célebres: san Juan Bautista, Herodes, Julio César, Alejandro Magno, Nicolás Copérnico, Miguel Ángel.”
“Ortografía básica de la lengua española”; Capítulo 7 Ortografía de expresiones que plantean dificultades específicas; Págs. 168-169 Impreso por Espasa Libros SLU; 2012; España.
Entonces hasta aquí hemos visto que, en castellano, los nombres geográficos si tienen exónimo, deben usarse. En cuanto a los nombres bíblicos, no hay ningún inconveniente en su traducción.
 
 

PARTE 2 #

En el escrito anterior di las pautas reconocidas por el mundo académico, científico y cultural, al respecto de la forma de traducir los nombres.
Sin embargo esto quedaría incompleto, sin mostrar al lector la realidad bíblica histórica.
Me refiero a algo más importante que la Real Academia, la Asociación de Traductores o la humilde opinión de Ricardo. Y es esto ¿Cómo hicieron sus trabajos de escritura los sabios de la antigüedad? Y no me refiero ni a la edad media, ni al cristianismo de los primeros siglos, ni a nada que pueda ser objeto de crítica.
¿Cómo trabajaron los sabios judíos de la Septuaginta y cómo trabajaron los escritores del llamado nuevo testamento?
La Toráh me exige, como parámetro de verdad, la existencia de dos testigos. Creo que tener como testigo al llamado Pentateuco y los evangelios es suficiente.
En la Septuaginta ¿Usaron nombres incomprensibles para el idioma griego, como algunos pretenden que se empleen palabras incomprensibles en castellano? ¿O adaptaron lo mejor que pudieron los nombres al idioma en el que hablaban?
Una sencilla muestra, alcanza para probar el punto.
En Génesis 21:5 tenemos el nombre de uno de nuestros patriarcas, el cual es יִצְחָ֥ק (lo cual se translitera Itzjak) y que usted conoce como…sí por supuesto Isaac. Pero si seguimos el criterio que, por ignorancia, algunos pretenden, debería ser exclusivamente יִצְחָ֥ק.
O bien transliterado Itzjak. Sin embargo los sabios de la Septuaginta ¿Cómo recibieron el nombre del patriarca en el idioma griego?
Génesis 21:5 donde dice “…Isaac su hijo.” se escribió en griego:
Ισαακ ὁ υἱὸς αὐτοῦ : lo cual transliterado es “Isaak el hijo suyo”
¿Pero cómo?  ¿Y la חָ (jet)? ¿Y el sonido de “tz” de la Tzadi צ?
Los sabios judíos rabinos, no contaminados por internet, escribieron Ισαακ. O sea transliterado “Isaak”.
Como un solo ejemplo no es suficiente, veamos otro que puede tocarnos más de cerca, ya que sabemos que el Nombre del Salvador está relacionado con el del caudillo Josué.
Viajemos a Josué 1: 1 donde dice “…que YHWH habló a Josué hijo de Nun…”
En hebreo tenemos el siguiente texto: יהושע בן נון  (lo cual transliterado es Yehoshúa ben Nun).
¿Cómo escribieron esta parte de los textos los sabios judíos de la Septuaginta?
 Ιησού υἱῷ Ναυη (lo cual transliterado es “Iesú nió Naue”). Como he puesto en la transliteración, ya que usted no tiene porqué saber leer griego, puede verificarse que el nombre que sonaba iehoshúa fue traducido a iesú en griego. Sé que si yo hubiese escrito esto y lo hubiera subido a internet, muchos improvisados se alzarían al grito de decir que está mal. Quisiera saber si se atreven a corregir a los sabios de la Septuaginta.
Ahora para continuar con la idea, deseo emplear algunos textos del llamado nuevo testamento.
¿Cómo fue traducido del arameo al griego el Nombre del Salvador?
Mateo 1:1 “Βίβλος γενέσεως Ἰησοῦ χριστοῦ…” (Lo cual es transliterado “bíblos guenéseos Iesú Jristú…”
¿Hay alguna duda acerca de que el traductor del hebreo en el que fue escrito Mateo, lo tradujo al griego de la misma forma en que un sabio había traducido el nombre de Josué?
Algo más, veamos a Daniel 1:7 “A estos el jefe de los eunucos puso nombres: puso…a Ananías, Sadrac…”
ולחנניה שדרך : (Lo cual transliterado es “velejananiah sadrac”) o sea “a Ananaías, Sadrac”.
El nombre חֲנַנְיָה (Jananiah) ¿Cómo fue recibido en griego?
Daniel 1: 7 “…τῷ δὲ Ανανια Σεδραχ” (Lo cual transliterado es “to dé Anania Sedraj”).
O sea חֲנַנְיָה (Jananiah) fue recibido en griego como Ανανια (Anania).
¿Esto impactó de alguna forma en el llamado nuevo testamento?
Por supuesto, viendo el libro de los Hechos 5:1 “Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer,…”, vemos que esto fue escrito en griego así:
Hechos 5:5 “Al oír Ananías estas palabras,…”
En griego “Ἀκούων δὲ ὁ Ἀνανίας” (Lo cual transliterado es “Akúon dé jó Ananías”).
Como puede verse, tanto los autores de la Toráh en griego, como los traductores antiguos de Daniel al griego, como el escritor del libro de los Hechos, no tuvieron ningún problema en trasladar los nombres a su idioma.
Si los sabios judíos de la Septuaginta no tuvieron inconveniente, si el traductor al griego de Daniel tampoco tuvo problemas. Si el escritor del libro de los hechos en griego tampoco tuvo inconveniente. Si las reglas, aceptadas internacionalmente sobre traducción, no presentan inconvenientes, cuando se trata de traducción literaria. Si la Real Academia Española dice que es correcto. ¿Cuál es la autoridad de aquellos que dicen que no pueden traducirse nombres de personas que aparecen en la Biblia?
Algo más, alguien podría preguntarme entonces ¿Y usted por qué escribe Yeshúa?
Pues bien, como en castellano no existe el fonema “sh” (sonido similar al de hacer callar), las palabras que lo incluyan se consideran “extranjerismos crudos”, constituye una voz de otro idioma, que puede emplearse en el castellano. A la explicación formal de esto, cualquiera la puede encontrar en las páginas 159 y 164, de la “Ortografía básica de la Lengua española”, que cité en el escrito anterior.
Y asimismo, escribir Yeshúa es mi elección.
*RICARDO*
Se permite la reproducción total o parcial mencionando al autor. Todos los derechos reservados.
 

Powered by BetterDocs