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“Ella concibe” (Tazría)

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  Levítico 12:1 al 13:59
Uno de los temas tratados en esta porción es lo que en la Biblia se traduce como “lepra”. Aunque en realidad se trata de una enfermedad distinta a la conocida lepra de la actualidad. Si bien tiene en común con esta el problema de que la piel de la persona es atacada.
La tzaarat, que es lo que se traduce como lepra, es ante todo una enfermedad de origen espiritual, una consecuencia física de un problema espiritual. Es cierto que todas las enfermedades tienen el contenido espiritual y luego su aspecto somático. Pero en la tzaarat es más que notorio este hecho, pues en algunos casos históricos no hay ni siquiera una transición de tiempo entre el hecho originante y el resultado en la piel del causante.
Como siempre dejamos al creyente la lectura completa del texto bíblico, para que él también sea participante en la co-creación de su conocimiento de la Toráh. De otro modo sólo sería una esponja humana que absorbería cuanto se le dé, sin lugar a discernimiento propio.
De la lectura de los textos indicados del libro de Levítico, pueden verse las distintas alternativas que esta enfermedad puede albergar. Las distintas formas en que puede aparecer y cómo manifestarse. Su lectura pormenorizada nos es útil para adquirir conocimiento acerca de lo puntilloso que debía ser el sacerdote al inspeccionar y determinar que la persona tenía tzaarat. Inclusive es interesante observar que esta plaga también podía apreciarse en las ropas y las casas, y se dan las pautas a observar en esos casos.
Mas ahora quisiera que hagamos hincapié en el entorno espiritual detrás de esta enfermedad o plaga llegado el caso.
Esto es muy importante por cuanto hemos establecido que se trata no de una enfermedad transmitida por compartir agua o alimentos en mal estado. O por viajar a determinados lugares o estar en contacto con determinadas personas. Existen regiones del mundo que tienen el problema de ser lugares con enfermedades endémicas, las cuales existen por el sólo hecho de estar en determinado lugar y con determinadas condiciones climáticas y sociales. Así por ejemplo existen lugares de África donde la mosca tsé-tsé fue el terror de viajeros durante décadas o el peligro en el norte argentino de la llamada enfermedad o mal de Chagas. Asimismo por ejemplo en ciertos lugares de América han existido los leprosorios donde se albergaban personas que tenían la lepra contagiosa por contacto.
En el caso del tzaarat no estamos en riesgo de que la persona contagiase a otros merced al contacto físico, pues por ejemplo el sacerdote debía realizar inspecciones directas sobre las llagas.
Entonces ¿cuál era el problema con aquellos que tenían tzaarat?
El problema radicaba en que la persona atacada por ese mal transformaba en impuro lo que tocaba. Y como por mandato divino no podía existir impureza en el campamento de Israel. Las personas con eso debían ser quitadas del campamento. Incluso cuando el pueblo de Israel dejó de caminar por el desierto y tomó la tierra prometida, las personas con tzaarat debían vivir fuera de los límites de la ciudad.
Levítico 13: 45-46 “Y el leproso en quien hubiere llaga llevará vestidos rasgados y su cabeza descubierta, y embozado pregonará: ¡Inmundo! ¡Inmundo! Todo el tiempo que la llaga estuviere en él, será inmundo; estará impuro, y habitará solo; fuera del campamento será su morada.”
La situación de la persona que contraía tzaarat era similar a la de un cadáver viviente, pues cualquier cosa que tocare se impurificaría. Podemos pensar con una mente occidental y del S.XXI que ello conlleva un castigo exagerado. Pero diría en primer lugar que no se trata de un castigo, por cuanto la persona no era desterrada, sino que debía vivir fuera de los límites de la ciudad y nada impedía que sus familiares le acercasen alimentos, ropa, enseres, etc. Por otro lado el campamento de Israel es un lugar de santidad y este mal se originaba precisamente en aspectos que habían hecho que la santidad se hubiese perdido.
Podemos entender, y en esto declaro mi opinión con libertad, que la tzaarat funcionaba más como una maldición que como una enfermedad tal cual las entendemos en la actualidad. Por cuanto muchas veces se transmitía a generaciones posteriores a la persona que la había originado.
Quien piense que esto es injusto, sólo tiene que leer con atención las Escrituras para quitar de su cabeza cualquier pensamiento vacío originado más en la cultura griega que en el verdadero pensamiento israelita.
Pensemos por un instante en lo que el propio libro del Éxodo nos dice, 20: 4 al 6
“No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.
No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy YHWH tu Elohim, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen,
y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos. “
¿Qué cree el lector que YHWH dice cuando avisa que visita la maldad de los padres en los descendientes hasta la cuarta generación? No es acaso un aliciente suficiente para no tener “esa” maldad el pensar que las consecuencias por ejemplo de la idolatría se extienden por generaciones.
Pues bien, con el tzaarat existía algo similar, pues era posible su transferencia generacional a través de un decreto divino sobre la persona y sus descendientes. Un ejemplo de ello lo tenemos en el discípulo Guejazí de Eliseo, lo cual veremos más adelante.
Así he dejado bien en claro que este mal se originaba en cuestiones espirituales. Quiero explicar por qué me interesa hacer hincapié en esto.
Pensemos por un instante en el lector que proviene del cristianismo. Es este un lector que no está acostumbrado a adquirir sabiduría y conocimiento de la Toráh. Lee la Biblia, pero por lo general sus lecturas siempre han circulado alrededor de los evangelios y las cartas apostólicas. Entonces cuando lee por ejemplo estos pasajes de Levítico que hemos nombrado, lo que siente es que o bien son aburridos, o bien se tratan de indicaciones que pudieron tener valor hace cientos de años, o bien que eran cosas para los israelitas de hace miles de años, o bien que no tienen valor para su vida. Con la lectura y el comentario serio de las porciones semanales verá que la lectura y el estudio de la Toráh tienen, además de otros, dos valores importantes para él.
En primer lugar que tienen un contenido espiritual práctico para su desarrollo como Hijo de YHWH. Y en segundo lugar que, sin estos conocimientos jamás podrá entender el contenido de los evangelios.
Siempre hacemos hincapié en el contenido sicológico de la Toráh, en el contenido para nuestro desarrollo interior, de forma tal que nuestros pensamientos, emociones, valores, se vean desarrollados y en algunos casos corregidos a la Luz de las sagradas escrituras. Pero debo hacer aquí una observación. El cristiano ha aprendido que ha sido colocado un velo temporal sobre la casa de Judá (los judíos en general) para que muchos rechazasen al Mesías, de forma tal que la plenitud de los gentiles pueda ingresar en el pacto. Pero lo que muchos cristianos (o la mayoría) no saben, es que también tienen un velo puesto para que rechacen o desconozcan las profundidades de las Escrituras. Velo que sólo en los tiempos del fin, en los cuales vivimos, ha empezado a caer.
Por ello ocurre que los cristianos que comienzan a explorar en las raíces israelitas de la fe, se sorprenden de la Revelación inmensa que logran en las Escrituras. Textos que han leído, a veces docenas de veces, ahora cobran para ellos un nuevo sentido. “¿cómo pude no verlo, si ahí estaba escrito…”? es la frase que escuchamos siempre. Bueno, la explicación es compleja y sencilla a la vez. Así como un velo fue puesto sobre Judá. Un velo fue puesto sobre el cristianismo hasta el final de los tiempos.
En la 2da parte comenzaremos por dilucidar estos temas.

Parte 2 #

Habíamos visto en la primera parte que en varias ocasiones cuando el lector no acostumbrado a adquirir sabiduría de la Toráh, lee pasajes como los que comprenden la porción Tazría, pierde la visión de que ellos sirvan para su desarrollo o crecimiento espiritual.
También dejamos sentado que esto se debe a la existencia de un velo espiritual sobre su entendimiento, el cual se comienza a descorrer en estos tiempos del fin.
Si se han leído a conciencia los pasajes indicados podemos ver que en cierto momento se nos indican los “remedios” que la situación exige. No que se pueda curar a la persona que tiene tzaarat, pues como hemos dicho se trata de una plaga espiritual que cae sobre la persona. Sino que son fórmulas que se usan cuando la persona ha manifestado la curación en su cuerpo.
Antes de abocarme a este tema quiero hacer hincapié en un punto que muchas veces pasa soslayado. Y es la consigna que el llagado debe proferir.
Veamos Levítico 13:45
“Y el leproso en quien hubiere llaga llevará vestidos rasgados y su cabeza descubierta, y embozado pregonará: ¡Inmundo! ¡Inmundo!”
Siempre se ha entendido que esta es una consigna infamante que tiene por fin avergonzar al leproso. Pero ello no es así. En igual forma que la sirena de los bomberos no está sólo para alertarnos que ha habido un incendio.
Verán, en las grandes ciudades los bomberos son un grupo específico de personas reunidos con un fin. Tienen turnos y rotaciones, pasan un tiempo en el cuartel y luego vuelven a sus hogares. Pero en los pequeños pueblos no es así.
Quien ha vivido en algún pueblo o ciudad pequeña, sabe que los bomberos son miembros voluntarios de la comunidad, que eligen hacer esa tarea por amor y servicio social. Recibiendo no una paga sino por lo general basta con el reconocimiento y el honor social a su desinteresada labor.
En los pueblos pequeños la sirena o alarma de los bomberos cumple dos funciones. En primer lugar avisa a la población que un hecho grave ha ocurrido y por otro lado convoca a los bomberos a acercarse al cuartel para responder al llamado.
¿Cuál debe ser la actitud de los  que ni son bomberos ni son jóvenes o fuertes para ir a colaborar con resolver el siniestro?
Puede ser por ejemplo la de interceder en oración pidiendo por la salud y la integridad de los involucrados.
De hecho algunos tienen la costumbre de orar a YHWH pidiendo su favor cuando escuchan la sirena de los bomberos, pensando que detrás de ese terrible ulular, puede esconderse la voz de la tragedia.
Cuando la persona leprosa gritaba ¡Inmundo! ¡Inmundo!, ello no tenía sólo la función de alertar a los demás que se encontraba en esa situación y que debían abstenerse de tocarlo.
Detrás de su vocería, quien lo escuchaba tenía la obligación de entender que se hallaba el dolor de una persona. Alguien que veía su vida cambiar. Alguien que no iba a poder compartir más las cosas con sus familiares, jugar con sus hijos, compartir una comida con sus amigos, charlar con su esposa de las labores del día, planificar el futuro de asistir a la boda de sus hijos, etc. Detrás de aquella voz que gritaba ¡Inmundo! ¡Inmundo! se escondía la realidad de una persona como Ud. O como yo que veía su vida civil terminar. Cuyo futuro se encontraba en las afueras de la ciudad vistiendo ropas desgarradas.
Esas palabras ¡Inmundo! ¡Inmundo! tenían la obligación de causar en aquellos que las escuchaban el mismo efecto que la sirena de los bomberos. Mover la alerta porque algo malo ocurrió en el campamento de Elohim, pero por otro lado mover la misericordia. Mover a la persona a orar desde lo profundo de sus entrañas por esa persona que veía sus días de normalidad terminarse.
Quiero que pensemos por un instante en cuantas “sirenas” escuchamos a diario.
Vemos imágenes en nuestros televisores o en los periódicos, de personas sufriendo en distintos lugares del mundo, incluso al lado nuestro. Personas asesinadas, lastimadas, defraudadas, personas inmersas en la violencia, en las drogas, en la guerra. Y cada una de esas imágenes que recibimos es una sirena en nuestras mentes y corazones que debe conducir a interceder por el semejante.
Cada una de esas sirenas llega a nosotros con el fin de que tengamos en nuestro interior la fortaleza de pedir por la intervención de la misericordia divina.
Todos conocen la oración que dejó el Mashíaj, el Padre Nuestro.
En esta oración una de sus frases es un llamado a la intervención divina en la Tierra. Cada vez que decimos: Venga tu Reino. Estamos reconociendo la necesidad de que se termine este mundo con sus reglas y sea reemplazado por las reglas del mundo de los cielos.
Pero es claro que el maljut shammayim, el reino de los cielos, no se va a manifestar hasta que los seres humanos sientan esa carga, ese llamado en sus corazones por las sirenas que a diario están sintiendo.
Ese reino de los cielos debe manifestarse en la intercesión del creyente, en la oración sincera. Y también en el actuar eficaz en la medida de las posibilidades.
Sí solo nos retraemos, si sólo nos cuidamos de no ser impurificados por la realidad, sólo estamos cumpliendo una parte de lo que se nos pide.
Han existido comunidades enteras de personas que se han abstraído de la sociedad. Que han pretendido tomar un rumbo al margen de la sociedad, sólo reconociendo el aspecto de cuidado personal de las sirenas.
Ejemplo de ello son las comunidad Amish y Menonitas. Que se apartan de la sociedad pretendiendo crear un oasis de pureza. El espectáculo generado por estas comunidades es una parodia burda y ridícula, donde se adopta la tecnología del SXIX y los medios de transporte del pasado, con las ropas que se dejaron de usar hace décadas, como si ello fuere garantía de no contaminarse con el mundo. Cuando lo que la Toráh nos pide es algo totalmente distinto. Es involucrarnos sin permitir que la impureza nos manche.
Pero también existen hermanos mesiánicos y cristianos que, temerosos del mundo y de lo que este pudiere hacerle, se refugian en sus caparazones, en sus burbujas de cristal.
Quiera el Altísimo que nuestras mentes y corazones se llenen del llamado que nos hace la Toráh, que sepamos escuchar esa sirena, ese ¡Inmundo! ¡Inmundo!, que a gritos profiere la Humanidad.
Ricardo.
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